La primera vez que llueve en serio en el Camino, la mayoría de peregrinos hace una de dos cosas: se mete en el primer bar y maldice durante una hora, o sigue caminando con cara de tragedia griega. Hay una tercera opción y consiste en disfrutarlo. Lleva varios kilómetros aprenderla.
Aceptar la lluvia es la mitad
Galicia llueve más de 130 días al año. En primavera y otoño es prácticamente imposible cruzar la región sin pillar al menos dos jornadas de agua. Si la cabeza ya está peleada con la lluvia antes de que empiece, la jornada se hace eterna. Si en cambio aceptas que va a llover y te equipas, los cinco primeros minutos son frustrantes y los siguientes diez kilómetros pueden ser memorables.
En el Camino no hay mal tiempo, hay mal poncho.
Material que sí funciona
- Poncho Altus Atmospheric (45 €): cubre mochila y cuerpo, ventila bien.
- Cubremochila independiente: si tu chubasquero no la cubre, no negociable.
- Calcetines de repuesto secos en bolsa zip dentro de la mochila.
- Bolsa estanca para móvil/cargador (las hay desde 5 €).
Y un consejo final
Si llueve mucho, ralentiza el ritmo. La lluvia hace que el suelo resbale más, que las botas pesen más y que el cuerpo se canse antes. Acepta que vas a llegar al albergue una hora más tarde y a cambio podrás mirar las gotas caer sobre los maizales sin la presión de cumplir un tiempo récord. Hay etapas que solo entiendes cuando llueve.
