No es lo mismo el Camino que se hace solo, en pareja o con un grupo de amigos. Las tres son experiencias válidas y las tres dejan huellas distintas. Esto es lo que aprendimos haciendo cada una.
Solo: el viaje hacia adentro
El Camino en solitario tiene fama de profundo y la fama es merecida. Caminas a tu ritmo, paras cuando quieres, eliges los albergues sin negociar y conoces a más gente por la sencilla razón de que estás disponible. La única contra: las primeras 48 horas pueden ser duras si nunca has viajado solo. A partir del tercer día, la mayoría se acostumbra y muchos descubren que les sienta bien.
En pareja: la prueba del ritmo
Hacer el Camino en pareja es un test silencioso de relación. Vais a estar 30 días, ocho horas al día, sin posibilidad de aislarse mucho, durmiendo mal y a veces bajo la lluvia. Si funcionan los ritmos diferentes — uno camina más rápido, otro necesita parar más — el viaje sale bien. Si no se hablan al principio, salen tensiones a partir del día seis.
En grupo: la fiesta y la negociación
Salir en grupo es la opción más social y la más logísticamente complicada. Más fácil reservar habitaciones múltiples, más difícil tomar decisiones en común. La mayoría de grupos se rompen en sub-grupos a la altura de Burgos y se reencuentran en Sarria. Eso no es un fallo del grupo, es lo que pasa cuando ocho personas tienen ocho cuerpos distintos.
